domingo, abril 20, 2008

Bill Bryson: una breve historia de casi todo

La semana pasada me compré este libro sin tener noticia de él, simplemente porque me parecieron atractivas la sinopsis, la edición y el precio. Dada mi apretada agenda actual no he podido disponer del tiempo que desearía para dedicarme a su lectura y lo llevo menos avanzado de lo que quisiera, pero lo suficiente como para emitir un breve juicio acerca de su contenido.

Según reza en su contraportada y también en la reseña de la web de RBA editores:

Bill Bryson siempre ha sido un viajero empedernido y, por lo mismo, curioso. Un día, mientras sobrevolaba el Pacífico, se percató de su ignorancia sobre los procesos que permitieron la formación y población de las vastas masas de agua del planeta. De modo que, durante tres años, se dedicó a instruirse para responder esa y otras muchas preguntas sobre el planeta Tierra y el universo. Y en Una breve historia de casi todo, Bryson ha puesto al alcance del lector todas las respuestas que pudo encontrar en una narración que nos lleva, a través del tiempo y el espacio, al encuentro de científicos prodigiosos y de las teorías que más han contribuido a elaborar el saber humano sobre lo que nos rodea.

Y así es, al menos hasta donde he podido llegar (capítulo 7 - cuestiones elementales), donde me encuentro inmerso en un breve pero elocuente repaso de la historia de los descubrimientos en el campo de la química. Y hasta aquí se ha ilustrado, en el mismo tono desenfadado y entretenido, aspectos de la cienca a nivel de astronomía, física, geología y paleontología hasta el punto de que, si en mis tiempos de instituto hubiera contado con este libro como lectura obligada, no sólo me abría aficionado más a la lectura, sino que me habría decantado por ser científico en lugar de informático al llegar a mi edad adulta.

Incluyo aquí un par de extractos para ilustrar mejor lo que intento decir:

Capítulo 4: la medida de las cosas

La segunda mitad del siglo XVIII fue un periodo en el que las personas de inclinación científica se interesaron profundamente por las propiedades físicas de cosas fundamentales (en especial los gases y la electricidad) y empezaron a darse cuenta de lo que podían hacer con ellas, a menudo con más entusiasmo que sentido. Es bien sabido que, en Estados Unidos, Benjamin Franklin arriesgo su vida lanzando una cometa en medio de una tormenta eléctrica. En Francia, un químico llamado Pilatre de Rozier comprobó la inflamabilidad del hidrógeno reteniendo en la boca cierta cantidad de éste y soplando sobre una llama; demostró así que el hidrógeno es, en realidad, explosivamente combustible y que las cejas no son forzosamente una característica permanente de la cara de los seres humanos. Henry Cavendish, por su parte, realizó experimentos en los que se sometió a descargas graduadas de corriente eléctrica, anotando con diligencia los niveles crecientes de sufrimiento hasta que ni podía sostener la pluma ni a veces conservar la conciencia.

Capítulo 7: cuestiones elementales

Quizá no haya nada que ejemplifique mejor la naturaleza extraña, y con frecuencia accidental, de la ciencia química en sus primeros tiempos que un descubrimiento que hizo un alemán llamado Henning Brand en 1675. Brand se convenció de que podía destilar oro de la orina humana. (Parece ser que la similitud de colorido fue un factor que influyó en esta conclusión). Reunió 50 cubos de orina humana y los tuvo varios meses en el sótano de su casa. Me diante diversos procesos misteriosos convirtió esa orina primero en una pasta tóxica y luego en una sustancia cérea y translúcida. Nada de eso produjo oro, claro está, pero sucedió una cosa extraña e interesante. Al cabo de un tiempo, la sustancia empezó a brillar. Además, al exponerla al aire, rompía a arder en llamas espontáneamente con bastante frecuencia. Las posibilidades comerciales del nuevo material (que pronto pasó a llamarse fósforo) no pasaron inadvertidas a negociantes codiciosos pero las dificultades de la manufactura lo hacían demasiado costoso para que pudiera explotarse.


El libro en cuestión ha sido editado en castellano por RBA Libros al menos en cuatro formatos distintos: dos de bolsillo (uno en rústica y otro en tapa dura), rústica en formato medio por 25€ y recientemente en formato grande e ilustrado por unos 42€. Independientemente de esto, su lectura resulta altamente recomendable.

website de Bill Bryson


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